Las tramas discursivas. El anecdotario.
EL PLACER DE ENTRAR A UN PATIO
¡"JÁMBOL"!
Amanece en el valle de El Bolsón . Al norte del pueblo comienza a iluminarse la Escuela Rural Nº 139. Su edificación antigua, sólida y espaciosa, se levanta al costado de la ruta, a doce km. del pueblo, con sus aulas para cada grado, su galpón-gimnasio y su taller de carpintería. Detrás de la escuela pasa el río Quemquentreu, que sigue hacia el sur bordeando los siete kilómetros del largo Barrio Luján, dándole vida a chacras de lúpulo o de frambuesas y a pequeñas huertas familiares. Del otro lado, el este es una inmensa muralla. El cerro Piltriquitrón se levanta imponente, extendida pared de piedra que proyecta su sombra sobre todo el valle.
Un despertador natural despabila a Ceferino, el portero. El amanecer es todavía solo una lejana línea en el oeste, un reflejo a contramano proyectándose sobre los picos del Hielo Azul; más allá está Chile. En la oscuridad, Ceferino sale a picar un poco de leña para el mate. Echa "chamiza" en las llamas y se queda unos instantes mirando juguetear el fuego. Hasta que el agua se caliente tendrá tiempo de dar comida a sus gallinas y a sus pavos que "corren p' acá" ni bien abre la puerta. No muy lejos los teros contestan el canto de las bandurrias .
Como todos los días, Ceferino esperará que el reloj marque las siete para caminar los cincuenta metros que lo separan de la 139. Ya ha encendido el fogón y las salamandras , cuando empiezan a llegar los chicos del Mallín y de la Rinconada. La larga caminata entre cipreses y radales les ha puesto cachetes y narices coloradas por el frío. Entre risas, se van acomodando, apretaditos, al lado del fogón de la galería. Luego llega el colectivo escolar, blanco arriba, marrón abajo, de recorrer tantos kilómetros de tierra por el corazón del Barrio Luján. Bajan los chicos y algunos maestros. Unas nenas corren para alcanzar una hamaca, otros se acomodan en el cerco de alambre y empiezan un partido de bolitas; el resto se queda conversando por el patio.
Ceferino llama a Pablo y le pide que lo ayude con la leña. Mientras caminan hasta el taller de carpintería en busca de una carretilla, conversan:
-¿Y ese juego, Pablo, el que han estado armando desde hace unos días en el recreo?
-Lo enseñó la profesora de Educación Física, se llama jámbol.
Alejo entra a quinto grado y ve a Jesús que tiene la pelota inquieta debajo de su pie derecho, como anunciando la llegada del recreo. Suena la campana y en tres segundos el patio está repleto: los más chiquitos ocupan enseguida el sector de los juegos; unos diez varones corren detrás de Cornelio que lleva el fútbol. Hay protestas: durante la corrida barrieron hoyo, líneas y bolitas de otros jugadores.
Las nenas más grandes dan vueltas por el patio, conversan, se ríen. Se adivina que unas acompañan a las otras siguiendo curiosas el rastro alegre los chicos.
[...] Escuchan que Jesús empieza el partido haciendo picar la pelota. [...]
-Es que los chicos están jugando -dice- mientras se escucha un "no vale pechar, huevón", por un empujón que no es causa de enojo. Y el juego vuelve, siempre vuelve. Los chicos parecían tener alas en la cancha. No había golpes ni disputas, pero lo que más placer producía era ver el desparramo de reglas ignoradas.
Ellos hacían trampas sin hacerlas, porque parecía existir un pacto implícito de violar las normas.[...]
El portero Ceferino, que ha seguido el partido como atento espectador, le pregunta a Joaquín:
-¿Quién ganó?
-El equipo de Remigio.
-¿Por cuántos goles? Yo no vi festejar ninguno.
-No sé, pero me parece que metieron más goles.
[...]
Prof. Ornella Scarlino y Prof. Marcela Gómez
Escuela 139 - El Bolsón
Texto levemente modificado, para su uso en el Taller de Expresión Oral y Escrita de Facdef – UNT. El original está en: http://www.efdeportes.com/efd2/22pavia4.htm
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